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sábado, 2 de abril de 2016

LA VIEJA EUROPA




Estaba dispuesto a no escribir nada sobre la barbarie de la guerra y sus consecuencias. Sinceramente, me faltan las palabras para expresar el horror al que día a día son sometidos, en la tan democrática y humanista Europa, los seres humanos que huyen de la muerte en Siria y unos cuantos países más. Hay mucha gente sobre el terreno, tratando de poner su grano de arena para paliar esto y además, relatando, filmando y dando testimonio de la atrocidad.

Sin duda, todo lo que vamos conociendo hace que le hierva la sangre a cualquier persona que conserve ni que sea una gotita de humanidad corriendo por sus venas, por lo menos así lo siento yo.

Es obvio, que es un tema con muchas aristas sobre las que se podría hablar: por qué sucede lo que sucede, la respuesta de los diferentes Estados, la de eso que llaman sociedad civil, la de personas anónimas, las guerras… Nuevamente, se puede encontrar mucha información sobre todo esto pero particularmente a mí, si hay algo que me revienta es ese cinismo con el que la opinión pública está tratando este tema (esa opinión interesada, diseñada desde los altos puestos de poder, transmitida incesantemente a través de los medios de comunicación, los líderes políticos y sociales). Repetida hasta la saciedad por legiones de incautos y asimilada por una inmensa mayoría. Ese enfoque acerca de que Europa está olvidando sus principios y sus valores, esa idea tan repugnante, en mi opinión, de que Europa es el adalid de los derechos humanos y de todo lo bueno que uno se pueda imaginar y que, por tanto, lo que sucede ahora mismo es una anomalía en el comportamiento de la humanitaria Europa.

Yo no lo creo, para mí ésta sí es la vieja Europa. La misma Europa cuya bandera siempre fue la de la superioridad moral e intelectual sobre el resto del mundo. La misma Europa que durante siglos ha explotado y devastado al resto de continentes. La misma Europa que mientras se vanagloriaba de sus derechos humanos, condenaba al resto del mundo a vivir fuera de la humanidad esclavizando y asesinando. La misma Europa que mientras defendía sus teorías sobre la igualdad, pasaba a cuchillo a todo aquel que quisiera hacer uso de esa igualdad para liberarse de su yugo. La misma Europa que alardeaba de demócrata mientras regía con mano dictatorial los designios del mundo. La lista sería y es interminable.

Lo que está sucediendo ahora mismo, es una nueva entrega de una vieja saga. Europa levanta de nuevo el estandarte del genocidio, del fascismo mal encubierto y todos sabemos que no es algo nuevo ni ocasional, ni siquiera es novedoso que todas estas barbaridades se cometan dentro de la propia Europa, esto forma parte de la marca de la casa.

Si echamos un vistazo a lo cercano, no hace falta ir demasiado lejos para poner ejemplos de esto. En España tenemos de sobra, desde las dos orillas: víctimas y verdugos.

Sólo hay que recordar el trato que sufrieron los españoles que cruzaron la frontera tratando de huir de la barbarie de la guerra y la respuesta que Europa encarnada en Francia ofreció: campos de concentración, hambre, enfermedades, devoluciones forzosas, muerte. Diría que se parece bastante aunque seguramente para los defensores de la democrática Europa aquello también fue una anomalía. Pero también somos verdugos y para eso ni siquiera hace falta remontarse en el tiempo. Aquí y ahora, España contribuye y de qué manera a la política fascista de la Europa humanitaria. Vallas, concertinas, prisiones ilegales donde se encierra a las personas por ser extranjera y pobre, devoluciones en caliente, tiros, muerte. Por no hablar del lucrativo negocio de la venta de armas a países amigos como Arabia Saudí para que puedan también allí seguir democratizando a la gente. Se podrían poner más ejemplos pero creo que queda claro.

Esto hace que todavía me parezca una mayor hipocresía que, desde aquí, se apoye ese discurso cínico sobre el cambio de rumbo de la democrática Europa. El colmo de esta hipocresía es ese tema de la banderita europea a media asta en señal de protesta por el acuerdo genocida con Turquía en los ayuntamientos progresistas o en los del cambio. Que sepáis que la otra banderita que ondea está igual de manchada de sangre, cualquier bandera representa una lógica de fronteras, de exclusión, de diferencia... que inevitablemente lleva al derramamiento de sangre. 

La historia de Europa, es la del expolio, la del genocidio, la de la esclavitud, la de la supremacía, en definitiva es la Historia porque, ya se sabe que, la historia la escriben los que matan, no los que mueren. Por eso, esta Europa actual no es una anomalía, ésta es la vieja Europa, la de siempre.


lunes, 14 de marzo de 2016

¿HACIA DÓNDE VAS, EUROPA?




La vergonzosa muerte del niño sirio, Aylan Kurdi a sus 3 años en las playas de Turquía, removió las conciencias de la Europa de los ricos, la enfocada al mercado, que se mueve por intereses, a veces, inconfesables. Agitadas las conciencias, Europa se enfrentó a la crueldad de la guerra en otras tierras al aflorar el terror de sus consecuencias en las playas que intentaban pisar los fugitivos para salvar la vida. No fue solo Aylan, sino cientos de muertos los que escupió el mar en la cara de Europa.

Al igual que las aguas del mar, removidas por las olas, escupen el cuerpo sin vida de Aylan, se remueve la conciencia de los pueblos ricos y levanta la porquería que se deposita en el fondo, apareciendo turbia, sucia e insolidaria, pues solo pretende hacer dinero para sus clases dominantes. Esos gobiernos, y la gente que los apoya, lavan esa conciencia con promesas atenuadoras de la culpa y hacen actos de constricción con propósito de ayudar… pero al final no son capaces, o no quieren hacerlo. Una vez más, se vuelve a la engañifa y la manipulación de sentimientos, a la gestión emocional de los pueblos, sabedores de que la conciencia, como el agua con partículas en suspensión, acabará sedimentando la porquería y volverá a aparecer clara si no se profundiza en ella.

Entonces se criminaliza a la víctima, se asusta al ciudadano invadido por las hordas migratorias, se les hace ver el peligro que corre su bienestar y se revierte el proceso hasta expulsar al invasor o cerrarles la puerta que se les había prometido abierta. El desahuciado, el perseguido, el desterrado, el menesteroso, acaba siendo culpable y sufridor de una guerra incontrolada auspiciada por las potencias con intereses mezquinos, una guerra de la que huye desesperado para evitar el sufrimiento y la muerte de los suyos.

Pero puede que a los poderosos, a los que mueven los hilos del globo, les importe un bledo la vida o la muerte de la gente sencilla. En la ruleta de la geopolítica siempre gana la banca. Somos muchos en este mundo y más los que no sirven para sus intereses. Ellos no forman parte de ese mercado del “progreso” que les permite seguir engordando sus bolsas, su poder y su prestigio. El nuevo mundo, el del mañana, no quiere tanta gente, sino aquella que sea rentable y dispuesta a sucumbir ante el poder de la nueva era. Hay que callar las voces discordantes, las de aquellos que denuncian y mueven la conciencia mostrando su suciedad, los que la agitan para mostrar las heces que la contaminan y despertar en la gente los viejos y eternos valores de solidaridad y ayuda, de justicia social y de humanismo. Esos son un incordio.

Ante una situación de choque como la que produce la imagen de un niño ahogado en la playa, se ha de reaccionar hasta calmar la conciencia, hasta revertirla, para volver a ser como antes, para volver a las viejas andadas. Ya está. Europa cambia el rumbo y emite una normativa y un acuerdo con Turquía para que esos indeseables, se queden allá y nos dejen tranquilos, sin remover conciencias y lejos de la imagen que, con la empatía, nos aterra. Para ello engordaremos partidos xenófobos que desprecien al insignificante que llama a la puerta pidiendo ayuda. Es fácil, solo hay que despertar el egoísmo de la sociedad, el egocentrismo de la vieja tribu, cuestionar su bienestar y mostrar el peligro… ellos se encargarán de enfocar la cuestión para crecer la semilla de esa xenofobia. Lo demás lo puede hacer el dinero…

Ahora lo que sigue interesando, una vez esquivado el lamentable e impactante incidente de la playa, es seguir conformando el nuevo mundo, las nuevas formas y leyes que nos lleven a la dictadura de las multinacionales, a la neutralización del poder de los Estados, a la sumisión de la sociedad al poder del dinero. La gente no importa, lo que importan son los mercados que nos lleven al “progreso material” de un mañana incierto, bajo la injusticia distributiva de la globalización. Ese es el mundo que nos espera.