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martes, 26 de abril de 2016

CAMBIAR EL PAÍS




No quiero sólo un cambio de gobierno, quiero cambiar el país. Quiero un país distinto, en el que se imponga la solidaridad. Un país sin fraude fiscal, porque es necesario un gran esfuerzo de recaudación para que sea posible instrumentar políticas de solidaridad y políticas de transformación. Un país sin corrupción pública ni privada. Un país con verdadera democracia, que no esté trucado el sistema político por unas normas electorales y parlamentarias que hoy lo hacen hermético a las demandas sociales, que sea capaz de resolver los problemas en vez de enquistarlos.

Quiero un país educado, con formación, para todas las capas sociales, que invierta en educación y en verdadera investigación; consciente de su potencialidad cultural que cuenta con una lengua castellana que es una de las más habladas del mundo.

Lo tengo muy claro. No quiero un simple cambio de gobierno: quiero proyectar un país nuevo y materializarlo. Para ello, debemos comenzar desde abajo: por los ayuntamientos, por las asociaciones locales, por los movimientos ciudadanos que consiguen cambiar las cosas. Necesitamos eliminar en los ayuntamientos primero y más arriba después los obstáculos que se oponen al cambio.

Debemos aportar y actuar ya como ciudadanos de ese país, y no como habitantes del país injusto y desigual que tenemos ahora.

viernes, 12 de febrero de 2016

BUSCO UNA ESPERANZA




Este país se me está poniendo borroso y feo. Viaje donde viaje encuentro cada vez menos capacidad para el diálogo y el encuentro y más para el insulto, la descalificación y el desencuentro. Los medios de comunicación han visto en la guerra de trincheras la forma de ganar audiencias, los intereses partidistas e ideológicos se sustentan en la confrontación y no en el verdadero debate, la polémica y los golpes bajos. Aumenta el contenido victimista fomentado interesadamente y el victimismo solo lleva al rencor y la visión confusa de la realidad. Predomina la incapacidad para reconocer los propios defectos y la lupa de aumento para los ajenos. Los unos y los otros se empeñan en ver solo lo que les separa y el daño causado por el contrario y no aquel del que los propios son responsables. Y en lo personal se prefiere no hablar con el amigo que piensa diferente, al compañero de trabajo que no es servil le acusamos de todo y se le acosa laboralmente o se le desprecia. No son comportamientos nuevos pero nunca como en los últimos años se han convertido en norma. Con estos materiales no hay forma de construir nada sólido más allá de un muro de odio. En los extremos puede estar la razón propia o la victoria sobre el enemigo pero nunca el futuro. Sobre todo porque mientras nosotros nos agredimos otros sacan beneficios de nuestra sinrazón. Hay quien no obra así, por supuesto. A ellos me acojo cada vez con más fuerza. Busco una esperanza.