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viernes, 5 de agosto de 2016

EL AMOR NO LO PUEDE TODO




Vamos por la vida repitiendo ingenuamente que el amor lo puede todo, como si fuera un bálsamo prodigioso que nos barniza contra las adversidades, pero lo cierto es que el amor nada puede cuando el hambre es el primer abismo que surge entre dos amantes. Creemos que con sólo amar, que sólo porque amamos a pleno pulmón el mundo puede volverse en un lugar menos hostil. Nos convencemos de que seremos capaces de ver hermosura en los andrajos, romanticismo en las ventanas sin cristales, ternura en los pezones resecos.
Yo creo en el amor, claro, creo en lo cotidiano, en los ojos de los que aman con la sola condición de ser amables, tiernos, solidarios, creo en los gestos, pero en lo que de verdad creo, por encima de todas las cosas, es en el omnipotente sueño de justicia. El mundo nada habría cambiado si este sueño no se hubiera multiplicado, si hombres y mujeres no hubieran dado su vida por él a lo largo de los siglos, si personas comunes y corrientes no hubieran ideado fórmulas de lucha para acercar el ideal a la tierra y a la vida. El deseo de repartir  las semillas, el deseo de conseguir abrigo, el deseo de nutrir de letras a los sedientos de ideas, el deseo de hacer de nosotros seres más humanos.
Entonces amar esta bien, pero mejor amarnos calzados, mejor medir nuestro torrencial amor entre las victorias sucesivas y no tener que ponerlo en la mira cuando la derrota nos pudre la existencia.

domingo, 22 de mayo de 2016

LEY Y JUSTICIA




Últimamente estamos asistiendo a una controversia, a una disyuntiva o contradicción entre el concepto de ley y de justicia. No es lo mismo aplicar la ley que hacer justicia, aunque nos quieran convencer de ello. Se suele decir que se hizo justicia cuando se aplicó la ley, pero la ley no tiene por qué ser justa, por qué ajustarse a la justicia o viceversa. Son dos concepto diferentes en los que nos tienen atrapados y nos hacen callar con lo de aplicar la ley, entendiendo que son sinónimos.

La ley la hacen los legisladores, personas no neutrales, incluso siendo elegidas democráticamente. Son sujetos interesados, aliados con el poder y el sistema establecido, que antes han de asumir y someterse a los condicionantes propios de su actividad, de su papel o rol. Yo me pregunto, ¿Es justa le ley que se escapa del sentido común? ¿Que en conciencia, ética y moralmente, no es asumible? ¿Que es un claro manifiesto contra la propia justicia social? ¿Qué está, o actúa, contra los propios derechos que avala la constitución, como el derecho a una vivienda digna? No, una cosa es la ley y otra la justicia. “Las leyes son la expresión de la voluntad del poder y la justicia es otra cosa distinta, es una cuestión de equilibrio, de equidad, de dar a cada cual lo suyo”.  (J. L. Sampedro).

Luego está el tan manido mensaje de que la justicia es igual para todos. Debería serlo, pero si ya la ley no lo es, la justicia lo es menos. Estamos inmersos en un sistema de muchos valores injustos donde el sentido común, y las experiencias vividas, nos dicen que es mucho más fácil echar a una pobre familia de su casa por una  deuda mínima y dejarlos en la intemperie, que hacerle pagar al chorizo de turno, amamantado por la política y el orden establecido en los pechos del poder, donde sus colegas le protegen y defienden, le hacen víctima en lugar de verdugo, le excusan y justifican irracionalmente, incluso sacando al ruedo la mierda de los demás para escudar la propia; difícil hacerle pagar, digo, la tropelía, el abuso o la injusticia flagrante que ha cometido. Requiebros de abogacía, descalificación de jueces, cuestionamiento de todo, recursos y un largo etc. son las artimañas de las que goza el poderoso y que se escapan a la solvencia del pobre.

Estamos en un mundo injusto, tremendamente injusto. Es injusto porque no antepone lo esencial a lo secundario, porque no tiene en cuenta al ser humano ante el dinero, porque el rico impone su criterio con todos sus medios en esta sociedad despreciando al pobre, al ser humano en su esencia. No pretendemos el desarrollo, la autorrealización, del hombre en su intrínseca entidad, no se potencia la vida digna de la persona, sino que se enfoca todo a la competitividad material, al consumo, a la alienación que atrapa al prójimo en un estado de estrés y sumisión productiva y consumista bloqueándole su propio desarrollo personal, interior, espiritual, mental e intelectual… y, claro, así nos va…


domingo, 14 de febrero de 2016

LA SOLIDARIDAD Y LA JUSTICIA



“Llegará un día en que nuestros hijos, llenos de vergüenza, recordarán estos días extraños en los que la honestidad más simple era calificada de coraje”.
Yevgueni Yevtushenko



Repaso la prensa, como todos los días. Siguen los silencios, los ruidos distorsionantes, las manipulaciones, los falsos significados, las palabras privatizadas, las medias verdades peores que mentiras. Busco un oasis entre tanta infamia. Noto que me falta el aire, pero vuelvo la vista a mi biblioteca y encuentro el libro de Sábato “La resistencia”. Está ajado, manoseado, acariciado, usado, como ocurre con los libros que se aman. Y en sus páginas, encuentro las palabras que nombran esta infección letal que se extiende sin remedio y que arrasa la vergüenza, la decencia y la honradez:
¿Han notado que la gente ya no tiene vergüenza y, entonces, sucede que entremezclados con gente de bien uno se puede encontrar, con amplia sonrisa, a cualquier sujeto acusado de las peores corrupciones, como si nada? En otro tiempo su familia se hubiera enclaustrado, pero ahora todo es lo mismo y algunos programas de televisión lo solicitan y lo tratan como a un señor.
Y, mientras leo,  repaso mentalmente fotos recientes de políticos y políticas ufanos, orgullosos, prepotentes, paseando su descaro por platós de televisión, arrancando aplausos a un público dirigido por el realizador de turno. Recuerdo programas que se visten de falsa progresía y cadenas que presumen de libertad en manos de imperios empresariales al servicio de un poder que los sostiene… Programas y cadenas que hacen más daño si cabe, al convertir la política en un circo, las argumentaciones en falsos debates sin argumentos, la batalla dialéctica en esperpento. Y todo bajo la engañosa patente de progresía. Escucho a los corruptos dar lecciones de moral sin complejos, sin decencia, sin vergüenza. No hay nada como tener la moral supeditada al cinismo. Y pienso que sí me cruzo de brazos, seré cómplice. “No podemos resignarnos”, sigue diciendo Sábato:
No debemos ser asesores de la corrupción. ¿Cómo vamos a poder educar a nuestros niños si en esta confusión ya no se sabe si la gente es conocida por héroe o por criminal? ¿Cuantos escándalos hemos presenciado y todo sigue igual, y nadie -con dinero- va preso? ¿Hasta dónde vamos a llegar?
Y , a medida que leo  sus palabras, el aire vuelve a mis pulmones , vuelvo a respirar. Porque uno no se atreve a respirar, a pensar, a resistir, cuando está solo. Pero sí puedo hacerlo, si lo hago con los otros. Juntos somos más fuertes. Cierro el libro y decido salir a la plaza con los demás, a unir el latido de mi corazón al de miles de corazones, como cantaba el poeta Alexandre. Una vez más, la palabra ha sanado mi alma. Una vez más, compruebo que la literatura consuela del duro oficio de vivir.La vergüenza sigue ausente, el periodismo cautivo, la honradez desaparecida, la esperanza escondida, las mentiras libres. Y los silencios ahogan los gritos de rebeldía. Pero ya sé que es posible resistir y que es posible la esperanza. Los seres humanos nos hacemos fuertes en nuestra debilidad porque siempre nos guía la solidaridad y la justicia.