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domingo, 10 de abril de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN





EL TONTO DEL PUEBLO
                                        
Se cuenta que en un pueblo manchego, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. 

Diariamente, algunas personas llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 céntimos de euro y otra de menor tamaño, pero de 1 euro.
Él siempre tomaba  la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.   
Un día, Damián, que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había  percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé, Damián,   no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra el juego se acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Damián sacó varias conclusiones: Quien parece tonto, no siempre lo es. ¿Cuáles son los verdaderos tontos? Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos. Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo. La verdadera persona inteligente es la que aparenta ser tonta delante de una tonta que aparenta ser inteligente…

domingo, 27 de marzo de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN


LA MEDIA MANTA



Damián era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna. A los 70 años Damián se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor a su hijo.
Damián tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia.
- ¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!
- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.
- Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
- Gracias hijo sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con vosotros? ¡Me siento tan solo!
- ¿Quedarte a vivir aquí?, si… claro… pero no sé si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es pequeña, mi esposa es muy especial… y luego los niños…
- Mira  hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
- No padre no es eso, sólo que… no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían… o sólo que no te moleste dormir en el patio…
- ¿Dormir en el patio? Está bien.
- El hijo de Damián llamó a su hijo Luis de 12 años:
- Dime papá.
- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una manta para que se cubra en la noche.
- Sí, con gusto papá… ¿Y dónde va a dormir?
- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis subió por la manta, tomó unas tijeras y la cortó en dos partes. En ese momento llegó su padre:
- ¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?
- Sabes papá, estaba pensando…
- ¿Pensando qué?
- En guardar la mitad de la manta para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.


viernes, 25 de marzo de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN

DAMIÁN EN EL SUPERMERCADO




Damián llega al supermercado y unos carteles, de colores claros, le dan la bienvenida animándolo a entrar. Los carteles están acompañados de suculentas ofertas que anuncian precios muy baratos. Coge el carrito de la compra, tan grande que mucho hay que llenarlo para que no parezca vacío, y empieza la búsqueda de los productos que necesita por innumerables pasillos con estanterías repletas. El carro, por más que lo intenta llevar recto, siempre se le gira de cara al estante y allí ve, como quien no quiere la cosa, un nuevo artículo que no esperaba y lo suma al pedido.

Necesita leche y yogures y le toca atravesar todo el supermercado para conseguirlos. ¿Por qué pondrán siempre lo que más falta me hace al final del establecimiento?, se pregunta. De camino, un hilo de música con ritmo suena de fondo. El ni lo escucha pero nota como la melodía se va adueñando de su estado de ánimo animándolo a comprar. Mira precios y no entiende porqué los importes nunca son redondos, siempre acaban en decimales, haciendo muy difícil la comparación entre unos y otros. Se fija en todos aquellos que acaban en nueve, y así piensa que ahorra un poco. Tiene la sensación de que esos productos son más baratos.

Tiene que pararse, dos carritos de otros clientes están en medio del pasillo y le obstaculizan la marcha. ¿Por qué harán los pasillos tan estrechos?, se pregunta. ¡En fin!. Aprovecha la parada para mirar los estantes que tiene delante y allí está, mirándola de frente, esa bolsa de patatas fritas que no le conviene. Duda, vuelve a dudar y finalmente su mano agarra la bolsa y… ¡al carro! Avanza ahora buscando un paquete de arroz que necesita pero lo han cambiado de lugar. No entiende por qué cada cierto tiempo mueven los productos de sitio. Cuando ya se sabe el camino de memoria, le toca, de nuevo, dar mil vueltas antes de encontrar lo que necesita. Eso sí, al reaprender el camino descubre nuevos productos en los que antes no se había fijado.

Ya sólo le queda coger el detergente. A la altura de los ojos ve esa marca que dicen por la tele deja la ropa tan limpia. Toma el envase y, por casualidad, mira el precio… ¡qué caro!, y lo vuelve a poner en su sitio. Observa arriba y abajo en la estantería y allí encuentra otra marca menos conocida pero más económica. Se agacha y la agarra. ¿Por qué la pondrán en un lugar más difícil de coger?, se pregunta.

Llega a la caja y se pone en la cola. Aburrido por la espera mira a su  alrededor y ve todos esos chocolates, caramelos, golosinas… ¡y a un solo palmo! Imposible decir “no”. Venga, un día es un día, al carro.

Siempre, a la salida, le da por pensar ¿cuántas cosas ha comprado que no necesitaba? ¿Son los supermercados sinónimos de la libertad de escoger lo que más le gusta? Piensa, cuando va en el coche camino de casa, que la libertad de escoger no está en el supermercado sino fuera de él.



martes, 22 de marzo de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN


DEMASIADO EVIDENTE


Cierta mañana Damián envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su pueblo y llamó a los que pasaban por allí:
- “¡Hoy tendremos un importante concurso!”, dijo. “¡Quién descubra lo que  está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro!”
Las personas se miraron, intrigadas. Damián insistió:
- “Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido?”
Todos los habitantes pensaban que Damián tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar la vergüenza delante de los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante? No, no, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo.
Damián preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.
- “Todos vosotros sabíais la respuesta”, afirmó, “y nadie osó traducirla en palabras. Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos son dadas generosamente, pero las personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar”. 


domingo, 20 de marzo de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN

LA DISTANCIA DE LOS CORAZONES

Un día, Damián,  preguntó a sus amigos:
- ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?
Los amigos pensaron durante unos momentos.
- Porque pierden la calma- dijo uno-, por eso se gritan.
- Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? –preguntó Damián-. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los amigos dieron algunas otras respuestas, pero ninguna de ellas satisfacía a Damián.  Finalmente, él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas y discuten, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esta distancia, deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojadas estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse la una a la otra a través de esa gran distancia.
Luego, Damián, preguntó:
- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no se gritan, sino que se hablan suavemente, ¿por qué?... sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.
Los amigos lo escuchaban absortos y Damián continuó: -Así es, observad lo cerca que están dos personas que se aman. Así pues, cuando discutáis, no dejéis que vuestros corazones se alejen, no digáis palabras que los distancien más. Llegará un día en que la distancia será tanta que ya no encontrareis el camino de regreso.

martes, 15 de marzo de 2016

LA ALONDRA





En una soleada mañana, dos alondras subían volando a lo alto.
La alondra padre hablaba con su polluelo, haciéndole ver lo maravilloso que es tener alas y poder volar hasta las alturas.
Pero el pequeño, en su inexperiencia, escuchaba sólo a medias, pues su atención se fijaba en el tintinear de una campanita, que llegaba a sus oídos desde la tierra.
El pajarillo, curioso, bajó al campo de donde provenía el sonido que tanto le atraía, y vio a un hombrecillo que guiaba un carro mientras gritaba:
- "¡Vendo lombrices! ¡Dos lombrices por una pluma!"
A la pequeña alondra le encantaban las lombrices; ya al nombrarlas se le hacía agua el pico. Y sin pensar más se decidió: arrancó una pluma de sus alas y la   cambió por dos lombrices. Cuando se las hubo comido volvió junto a su padre, muy satisfecha.
Al día siguiente la alondra esperó ansiosamente el sonido de la campanita, y al oírla bajó a realizar nuevamente su extraño negocio, dando otra pluma a cambio de dos lombrices. Esto lo repitió día tras día.
Una vez ofreció al hombrecillo cinco plumas por diez lombrices. El vendedor aceptó entusiasmado y, desde entonces, por espacio de varios días más, continuó el intercambio.
Al cabo la alondra batió sus alas inútilmente: ¡ya no podía volar! ¡Estaba atada a la tierra y condenada a arrastrarse en lugar de volar!

¡Había cambiado sus alas, su libertad, por un puñado de lombrices!


lunes, 14 de marzo de 2016

LOS CAMBIOS




Se cuenta que hubo un niño muy sensible e inteligente, que solía preocuparse y lamentarse por el estado en el que se encontraba el mundo.
Más adelante, durante su juventud, empezó a protestar y a quejarse por las políticas impulsadas por el Gobierno de su país.
Frustrado por no conseguir los cambios que deseaba, al llegar a la edad adulta centró sus críticas y juicios en su mujer y sus hijos. Fue sin duda una vida marcada por la lucha, el conflicto y el sufrimiento.
Sin embargo, al cumplir 80 años y aquejado de una enfermedad terminal, experimentó una revelación que transformó su manera de ver la vida. Tanto es así, que horas antes de fallecer dejó por escrito el epitafio que más tarde se escribiría sobre su tumba:
"Cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar a mi país. Cuado era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy un anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás".




miércoles, 9 de marzo de 2016

EL FINANCIERO Y EL PESCADOR




Erase una vez un pescador que descansaba tumbado en su barca leyendo un libro, tomando una cervecita, escuchando música y dando pequeñas cabezadas cuando de repente se le acercó un yate de 33 metros de eslora que llevaba al mando a un rico financiero.

El financiero se asomó y saludó al pescador:

– Buenos días

– Buenos días -contestó el pescador.

– ¿Qué? ¿No hay buena pesca hoy?

– Sí, sí. Hay muy buena pesca.

– ¡Ah! ¿Entonces que haces ahí descansando?

– Nada, ya he pescado suficiente por hoy y estaba aquí tranquilamente leyendo antes de volver a casa.
– ¿Volver a casa? Si son las 12.00 de la mañana. Pero, ¿por qué no aprovechas para ir a pescar más?

– ¿Y qué haría con eso? – respondió el pescador.

– Pues tendrías más producto que vender y podrías obtener más beneficio.

– ¿Y qué haría con eso?

– Pues podrías invertir ese beneficio en un motor con lo que podrías navegar más rápido y en aguas más profundas con lo que aumentarías la productividad y obtendrías todavía más beneficio – explicó el financiero.

– ¿Y qué haría con eso?

– Pues podrías adquirir una flota entera o hacerte con barcos de la competencia. E incluso podrías contratar bien baratita a toda una tripulación a tus órdenes, expandirte por aguas internacionales y así pescar todavía mucho más.

– ¿Y qué haría con eso?

– Pues podrías generar un montón de fondos con los que invertir en los mercados financieros como yo: mercados de futuro de atún, derivados del rodaballo o certificados de seguros de sardineta. Aquí sí que podrías ganar muuuuuuucho dinero.

– ¿Y qué haría con eso?

– Pues te podrías comprar 4 casas, 5 coches, 2 caballos, 8 televisores de plasma, un lavabo con grifería de oro y hasta podrías comprar un yate como el mío con el que podrías salir al mar, navegar libremente y disfrutar de la vida.

– ¿Y qué coño te crees que estoy haciendo en este mismo momento? – Contestó el pescador satisfecho.






domingo, 6 de marzo de 2016

DEUDAS Y BURROS


LA CRISIS BURSÁTIL MUNDIAL EXPLICADA DE FORMA SENCILLA




Se pidió a un asesor financiero que explicara esta crisis bursátil mundial y de una forma sencilla para que la gente de a pie entienda sus causas y así lo intentó:

Había un señor que se dirigió a una aldea lejana y ofreció a sus habitantes comprar cada burro que tuvieran a 100 euros. Buena parte de la población vendió sus animales. Al día siguiente ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y, así, otro tanto de la población vendió los suyos. A continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros.

Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito dejando a entender que los compraría a la semana siguiente y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros y quién no tenía el dinero lo pidió prestado, más aún, compraron todos los burros de los pueblos cercanos.

Como era de esperar, este ayudante desapareció como el asesor y nunca aparecieron jamás. Cierto es, también, que a la semana en el poblado había un hecho:”estaba lleno de burros y de endeudados”.

¿Será la causa por la que le interesa al colectivo especulador del dinero, que la gente se idiotice y siga siendo burra y codiciosa?

viernes, 26 de febrero de 2016

EL CAMALEÓN

CUENTO DE AUGUSTO MONTERROSO


En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que
todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira.