martes, 15 de marzo de 2016

LA ALONDRA





En una soleada mañana, dos alondras subían volando a lo alto.
La alondra padre hablaba con su polluelo, haciéndole ver lo maravilloso que es tener alas y poder volar hasta las alturas.
Pero el pequeño, en su inexperiencia, escuchaba sólo a medias, pues su atención se fijaba en el tintinear de una campanita, que llegaba a sus oídos desde la tierra.
El pajarillo, curioso, bajó al campo de donde provenía el sonido que tanto le atraía, y vio a un hombrecillo que guiaba un carro mientras gritaba:
- "¡Vendo lombrices! ¡Dos lombrices por una pluma!"
A la pequeña alondra le encantaban las lombrices; ya al nombrarlas se le hacía agua el pico. Y sin pensar más se decidió: arrancó una pluma de sus alas y la   cambió por dos lombrices. Cuando se las hubo comido volvió junto a su padre, muy satisfecha.
Al día siguiente la alondra esperó ansiosamente el sonido de la campanita, y al oírla bajó a realizar nuevamente su extraño negocio, dando otra pluma a cambio de dos lombrices. Esto lo repitió día tras día.
Una vez ofreció al hombrecillo cinco plumas por diez lombrices. El vendedor aceptó entusiasmado y, desde entonces, por espacio de varios días más, continuó el intercambio.
Al cabo la alondra batió sus alas inútilmente: ¡ya no podía volar! ¡Estaba atada a la tierra y condenada a arrastrarse en lugar de volar!

¡Había cambiado sus alas, su libertad, por un puñado de lombrices!


CANCIONES DEL ALMA

ALFONSINA EN EL MAR

Silvia Pérez Cruz






lunes, 14 de marzo de 2016

LOS CAMBIOS




Se cuenta que hubo un niño muy sensible e inteligente, que solía preocuparse y lamentarse por el estado en el que se encontraba el mundo.
Más adelante, durante su juventud, empezó a protestar y a quejarse por las políticas impulsadas por el Gobierno de su país.
Frustrado por no conseguir los cambios que deseaba, al llegar a la edad adulta centró sus críticas y juicios en su mujer y sus hijos. Fue sin duda una vida marcada por la lucha, el conflicto y el sufrimiento.
Sin embargo, al cumplir 80 años y aquejado de una enfermedad terminal, experimentó una revelación que transformó su manera de ver la vida. Tanto es así, que horas antes de fallecer dejó por escrito el epitafio que más tarde se escribiría sobre su tumba:
"Cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar a mi país. Cuado era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy un anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás".




EL DOLOR

"¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!"




"No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente 
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre...

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.

He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
"y la luz con el dolor de tus ojos".
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz…”


LEÓN FELIPE


¿HACIA DÓNDE VAS, EUROPA?




La vergonzosa muerte del niño sirio, Aylan Kurdi a sus 3 años en las playas de Turquía, removió las conciencias de la Europa de los ricos, la enfocada al mercado, que se mueve por intereses, a veces, inconfesables. Agitadas las conciencias, Europa se enfrentó a la crueldad de la guerra en otras tierras al aflorar el terror de sus consecuencias en las playas que intentaban pisar los fugitivos para salvar la vida. No fue solo Aylan, sino cientos de muertos los que escupió el mar en la cara de Europa.

Al igual que las aguas del mar, removidas por las olas, escupen el cuerpo sin vida de Aylan, se remueve la conciencia de los pueblos ricos y levanta la porquería que se deposita en el fondo, apareciendo turbia, sucia e insolidaria, pues solo pretende hacer dinero para sus clases dominantes. Esos gobiernos, y la gente que los apoya, lavan esa conciencia con promesas atenuadoras de la culpa y hacen actos de constricción con propósito de ayudar… pero al final no son capaces, o no quieren hacerlo. Una vez más, se vuelve a la engañifa y la manipulación de sentimientos, a la gestión emocional de los pueblos, sabedores de que la conciencia, como el agua con partículas en suspensión, acabará sedimentando la porquería y volverá a aparecer clara si no se profundiza en ella.

Entonces se criminaliza a la víctima, se asusta al ciudadano invadido por las hordas migratorias, se les hace ver el peligro que corre su bienestar y se revierte el proceso hasta expulsar al invasor o cerrarles la puerta que se les había prometido abierta. El desahuciado, el perseguido, el desterrado, el menesteroso, acaba siendo culpable y sufridor de una guerra incontrolada auspiciada por las potencias con intereses mezquinos, una guerra de la que huye desesperado para evitar el sufrimiento y la muerte de los suyos.

Pero puede que a los poderosos, a los que mueven los hilos del globo, les importe un bledo la vida o la muerte de la gente sencilla. En la ruleta de la geopolítica siempre gana la banca. Somos muchos en este mundo y más los que no sirven para sus intereses. Ellos no forman parte de ese mercado del “progreso” que les permite seguir engordando sus bolsas, su poder y su prestigio. El nuevo mundo, el del mañana, no quiere tanta gente, sino aquella que sea rentable y dispuesta a sucumbir ante el poder de la nueva era. Hay que callar las voces discordantes, las de aquellos que denuncian y mueven la conciencia mostrando su suciedad, los que la agitan para mostrar las heces que la contaminan y despertar en la gente los viejos y eternos valores de solidaridad y ayuda, de justicia social y de humanismo. Esos son un incordio.

Ante una situación de choque como la que produce la imagen de un niño ahogado en la playa, se ha de reaccionar hasta calmar la conciencia, hasta revertirla, para volver a ser como antes, para volver a las viejas andadas. Ya está. Europa cambia el rumbo y emite una normativa y un acuerdo con Turquía para que esos indeseables, se queden allá y nos dejen tranquilos, sin remover conciencias y lejos de la imagen que, con la empatía, nos aterra. Para ello engordaremos partidos xenófobos que desprecien al insignificante que llama a la puerta pidiendo ayuda. Es fácil, solo hay que despertar el egoísmo de la sociedad, el egocentrismo de la vieja tribu, cuestionar su bienestar y mostrar el peligro… ellos se encargarán de enfocar la cuestión para crecer la semilla de esa xenofobia. Lo demás lo puede hacer el dinero…

Ahora lo que sigue interesando, una vez esquivado el lamentable e impactante incidente de la playa, es seguir conformando el nuevo mundo, las nuevas formas y leyes que nos lleven a la dictadura de las multinacionales, a la neutralización del poder de los Estados, a la sumisión de la sociedad al poder del dinero. La gente no importa, lo que importan son los mercados que nos lleven al “progreso material” de un mañana incierto, bajo la injusticia distributiva de la globalización. Ese es el mundo que nos espera. 

EUROPA, LOS INMIGRANTES Y LOS REFUGIADOS





La crisis de los refugiados sirios que quieren entrar en Europa, como la llegada masiva de tantos inmigrantes por razones económicas, políticas y religiosas supone el justo pago por una manera de entender el mundo. Evidentemente, para ellos no es justo porque el precio que han pagado en sus vidas es excesivo. La moderna visión occidental del mundo implicaba el control de continentes enteros y de los flujos migratorios. Europa primero y todos los países desarrollados de Occidente después generaron movimientos interesados para aprovecharse de la mano de obra barata y de los recursos naturales de otros lugares. Esto implicó sostener sistemas políticos corruptos o jugar en beneficio propio con los conflictos bélicos locales o las crisis humanitarias.

El mundo globalizado ha provocado que los viejos sistemas de contención y distribución se hayan venido abajo y las distancias se hayan acortado. La evidente decadencia del mundo europeo ha hecho el resto. La solución no es fácil ni inmediata y no consiste ni en el rechazo de los inmigrantes y refugiados tal y como piden las tesis más conservadoras ni la apertura de las fronteras de manera total como piden las más progresistas. Quien vea la solución en un sentido o en otro fácil y evidente, se engaña. Entre otras cosas porque la solución no depende de nosotros, ya no, porque el mundo ya no está gobernando por intereses nacionales ni por gobiernos locales. Se ha provocado una conmoción a gran escala que acompaña la globalización financiera y a la que tardará décadas en alcanzar la globalización de la legislación basada en los derechos del ser humano y de los ciudadanos. Mientras tanto asistiremos a espectáculos propios de una catástrofe humanitaria que afectará a millones de personas y que es la consecuencia de siglo y medio de política neocolonial y de avaricia financiera.


Preparémonos para un mundo terriblemente hostil que nosotros mismos hemos creado y al que la mediocridad de nuestros gobernantes no sabe dar respuesta.


miércoles, 9 de marzo de 2016

PRINCIPIOS Y VALORES DE NUESTRA CULTURA




Hay que modificar los principios y valores de nuestra cultura para reorientar la filosofía popular a una nueva era donde primen otros nuevos. No podemos seguir en esta dinámica depredadora, exculpatoria y agresiva, donde las culpas siempre son de otros, léase políticos, países, emigrantes, o vaya usted a saber… En todo caso habría, bajo mi modesta opinión, que redefinir esa cultura, no solo cambios de normas y leyes, sino con un proceso educacional, de responsabilidad social, individual y colectiva, que hiciera al individuo más permeable y racional, que abocara en un nuevo contrato social. Eso es complicado, pues hay grupos de influencia y poderes fácticos que siguen apoyando y apostando por el sistema tradicional, que sustenta ese poder propio que no quieren sacrificar.

La cuestión, para mí, está en como fraguar una sociedad madura que no se pliegue a los liderazgos paternalistas, que no se deje alienar con falsas orientaciones, que no se atrape en la delegación de su soberanía a sujetos irresponsables, que tome partido y defienda y exija que los gobernantes gobiernen para ellos y no para las clases pudientes, el capital, la banca y los intereses imperialistas de las multinacionales. En suma, introducir esa dosis de librepensamiento que cada cual debe reivindicar desde la responsabilidad de ese nuevo contrato social.

Un problema es que la globalización rompió fronteras al mercado, pero no homogenizó las culturas organizacionales; es más, mientras más divididos andemos y mientras más se potencien los localismos, más energía se distraerá de la lucha verdadera, de la que lleve a esa homogenización global, no solo de valores y principios, que definen las culturas, sino del propio desarrollo humanista y social.

Sigo diciendo, desde hace ya bastante tiempo, que hay dos tendencias en lucha, la que busca una clase dominante, dueña del mundo y sus recursos y usa, si le interesa, a las ciudadanía en general, la aliena, pero si no la necesita la enfrenta y provoca el conflicto sin importarle la vida ajena; esa sociedad falta de ética, amoral y asimétrica se está fraguando en este tiempo desde grupos de poder ocultos, son los de siempre, apoyados invariablemente, también, por los de siempre. Por otro lado está otra tendencia que busca la simetría, la justicia social y el valor humano por encima del valor material; aquellos que cada vez tienen más conciencia del entorno y de la imposibilidad de seguir en esta loca marcha que acabará con todo en poco tiempo.

Los cambios hay que sembrarlos, cultivarlos y abonarlos. Solo se da un cambio definitivo si tiene suficiente apoyo social, si es asumido el llamado y empujado por la colectividad. Pero para ello se ha de establecer el espíritu de los tiempos, que muestra un clima intelectual y cultural capaz de reorientar nuestra cultura hacia otra estructura funcional y social más justa, más simétrica.

¿Empezamos… o dejamos que ganen los otros? Habrá que no caer en sus señuelos, reconocer la importancia de cada cosa, en buscar lo que nos une y no lo que nos separa. El partido del siglo se juega entre el humanismo y el clasicismo. El resultado final será la supremacía de una cultura u otra.