domingo, 10 de abril de 2016
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN COMO PRODUCTORES DE SENTIDO
Hay dos clases de ignorancia, enseña Sócrates al bello Alcibíades: una consiste en creer saber lo que no se sabe y otra, en no saber algo y darse cuenta de ello. Esta última es la que nos permite avanzar en el conocimiento de uno mismo y de las cosas y la primera nos transforma en necios.
El no saber y creer que se sabe es lo que produce el error y la equivocación, mientras que el no saber algo y darse cuenta lo evita pues preguntamos al que sabe.
La hegemonía que ejercen sobre nuestras conciencias los mensajes mediáticos nos han transformado en necios, pues a diario, veinticuatro horas sobre veinticuatro, nos convencen de cómo se piensa, qué se piensa, dónde se piensa, quiénes piensan y para qué se piensa. Hoy las personas creen saber lo que no saben e ignoran lo que deben saber.
LAS FRONTERAS
Las
fronteras son la explicitación del control sobre algo o sobre alguien. Su
función es separar aquello que deseamos dominar, poseer, conocer de lo que no
queremos. Son la expresión máxima de la propiedad, del nosotros o del yo frente
al resto.
En
cualquier campo, las fronteras no son más que líneas imaginarias,
arbitrariamente creadas sin ninguna justificación. Prueba de ello, son lo
fácilmente movibles que han resultado a lo largo de la historia, por supuesto,
siempre en interés de los que poseen el poder, ya que son ellos los que se
encargan de su creación. Ya sean territoriales, económicas, de conocimiento…
las fronteras se crean y se utilizan con el único propósito de delimitar lo
accesible en función de qué papel desempeñas.
Las
fronteras son contrarias a la vida. Constriñen, encierran y reprimen mientras
que la vida trata de emerger y expandirse. No es posible defender la vida y las
fronteras al mismo tiempo, éstas matan de forma directa y violenta y, también,
de una forma más sibilina, lentamente y con una violencia socialmente tan
aceptada que causa terror.
Alambres,
espinos, vallas, muros, armas, balas, concertinas, muerte… Así se erigen las
fronteras en el mundo físico. Esta es la manera de seleccionar, de separar, de
diferenciar el lado correcto del incorrecto. Ya los Estados se encargan de
hacernos creer que estamos en el lado oportuno y que toda esa infraestructura
necesita ser defendida con uñas y dientes y que cualquier precio a pagar por
ello es justo. Se alienta el fanatismo, bajo la etiqueta del patriotismo cuya
única utilidad es enmascarar la estupidez humana que nos arrastra a odiar al
otro, al que está al otro lado de la frontera hasta tal punto que creamos justo
su sufrimiento y su muerte si intenta traspasarla.
Todas
las fronteras forman parte de una realidad inhumana y dolorosa que sólo
engendra desesperanza y muerte. Cada vez que una frontera se levanta, el odio
se hace dueño de la situación y la esperanza de ir recuperando la esencia de lo
humano se aleja un poco más.
POEMA DE OLGA BERNAD
ESTA NOCHE
Todas las noches son como esta noche,
todas las noches fueron como ésta;
cuando el mundo nació, ya era de noche.
Y en la excesiva noche de los tiempos
alguien soñó que nada pasaría.
Si te dejas caer hoy por mi sueño,
prometo protegerte de esa nada.
Seguros hacia dentro de la noche,
arrastraré hasta el fondo tus demonios;
al fondo de la noche, donde el tiempo
se convierte despacio en otra cosa.
OLGA BERNAD
jueves, 7 de abril de 2016
CAVILACIONES SOBRE QUÉ SERÁ DE NOSOTROS
A
veces me pongo a escribir sin orientación previa. Es como si intentara parir
una serie de ideas que se han inseminado en mi mente a través del tiempo y, en
especial, del momento presente.
Ya
no sé si siento vergüenza, indignación, ira o no sé qué… lo que sí sé es que
siento la impotencia de quien ve como pasan delante de sus ojos un sin fin de
delincuentes que evaden sus impuestos, engañan a la ciudadanía y se sienten, de
algún modo, impunes ante la ley. Empezamos a pensar que estamos gobernados, a
nivel mundial, por una pandilla de gente confabulada en crear leyes para
proteger sus prebendas y las de los suyos, mientras caminan en la vía de
dominar el mundo, obviando los intereses del conjunto de la sociedad.
Lo
malo de todo ello es que se amparan en posturas borreguiles de una ciudadanía
domesticada, manipulable y dócil que se rebela contra los simples delitos
y no reacciona ante los grandes desfalcos y hurtos de guante blanco, que sigue
votando a corruptos si son de su partido.
Estamos
en una etapa llamada de ingeniería financiera, que suena bien y parece que deba
aceptarse por ser de elevada inteligencia su aplicación. Es cierto,
ingeniería viene de ingenio y de ingenieros e ingeniosos es crear estructuras
insospechadas de donde sacar beneficio en un sistema de economía especulativa,
que no es lo mismo que la economía productiva.
La
economía productiva es aquella que crea bienes tangibles o
beneficios sociales que mejoran la calidad de vida del ciudadano. Mientras la
especulativa hace subir el capital a base movimientos especulativos,
transacciones de dudosa ética, o ingeniería mercantil creando productos
financieros de engañosa calidad y garantía, sin que de ellos se desprenda una
producción material o de mejora social salvo para el especulador y su grupo.
Tengo
la sospecha de que en este nuevo mundo de la globalización está todo calculado
por los que intentan imponerlo a su modo y para su propio bien. Romper barreras
aduaneras, producir a bajo precio en países pobres para vender el producto a
alto precio en países desarrollados, crear leyes protectoras de ese movimiento
de capitales, establecer y consolidar trato preferente en algunos países
(paraísos fiscales) con leyes preservadoras de sus intereses... En suma, crear
un nuevo marco internacional por donde jugar a escabullirse para evitar pagar
impuestos y mantener a los estados, cuyo poder pretenden anular, o
minimizar, con objeto de imponer un nuevo orden desde el capitalismo salvaje o
ese neoliberalismo que odia los controles del mercado que se imponen por las
leyes emanadas, en teoría, de parlamentos democráticos. Buscan el cambio de
poder mediante la modificación del sistema… son antisistema que pretenden crear
otro partiendo de este, sin que se note, planificadamente, hasta llegar a
revertir el poder desde los estados a las multinacionales, a las empresas, al
mundo financiero, a través de un orden legal que les garantice una defensa
perfecta contra la imposición de la voluntad democrática de los pueblos.
Su
hándicap está en controlar el poder político, en tutelar el poder legislativo,
en desmontar un sistema que les obliga a someterse, en escapar del control
social que les exija doblegarse ante los intereses del conjunto de la
ciudadanía, en controlar el mundo desde la frialdad de sus despachos exentos de
responsabilidad trascendente. Sus decisiones son privadas… pero sus estrategias
condicionan el mercado mundial y lo manipulan desde el poder controlador sobre
las transacciones.
Pero…
¿Cómo hacer todo eso? Si nos paramos a pensar un poco, descubriremos los pasos
que van dando en el día a día. Provocar una irresponsable crisis financiera,
apareciendo la oportunidad de tantear la actitud de los gobiernos, ya
controlados desde organismos económicos internacionales, dejando patente su
incapacidad para resolverla con el actual marco legislativo; luego, en el
mundo político e ideológico, denostar y descalificar al político opositor,
incluso comprarlo si ello es factible, a la par que apoyar y elevar a los afines,
y desprestigiar a los estados y sistemas de gobierno mediante la creación de un
nuevo espíritu de los tiempos donde el sujeto, desconfiando de sus propios
gobiernos, se deje gobernar por la filosofía mercantil, o sea, de mercado
libre, creyendo que las empresas son más de fiar que los políticos.
Sus negocios están en controlar todos los recursos, en administrar y comercializar hasta los más elementales y necesarios para la subsistencia, la educación, la salud, las energías, etc. No debe extrañarnos que dentro de nada se nos cobre por respirar o por un sistema respiratorio que evite la contaminación. Ya se vende el agua con la excusa de esa contaminación y su pureza, sabemos que el sistema capitalista tiende a controlar la propiedad de todo y ese todo es absolutamente todo. Pero para producir cambios importantes, que permitan estas cosas, es necesaria la crisis, pues esta da pie a producir ajustes que podemos orientar hacía el fin que se persigue. Mientras más destrucción más libertad se tiene para la reconstrucción; a veces, incluso, para demoler y reedificar una nueva estructura hay que derruir lo viejo creando lo nuevo si lo viejo no sirve como soporte.
Pero
vayamos al cambio de actitudes y de opinión pública. Se debate, con razón,
sobre la corrupción del mundo político; se utilizan mercenarios de la palabra o
ideólogos intransigentes para defender posturas con objetivos precisos, solo
hay que ver la tele; no se habla o se debaten a fondo los escándalos
financieros de sujetos de corte mafioso, no se cuestionan los sueldazos de
prebostes de la empresa privada bajo la filosofía de su privacidad, sin
analizar que juega con los intereses de la ciudadanía para enriquecerse y que
el estado debería defender a esos ciudadanos de los atropellos que sufren.
La
sociedad en su conjunto, tiene un
subconsciente y es manipulable. Por tanto, si se dominan los medios de
comunicación, que son los que crean estados de opinión y tendencias de
pensamiento y actitudes sociales, estaremos en disposición de controlar y dirigir
el proceso evolutivo de una sociedad en cambio hacia el lugar que nos interesa.
Cada día, cuando vemos la televisión, podemos vislumbrar esa tendencia. Cómo se
tratan las noticias, los titulares tendenciosos, las opiniones interesadas, la
manipulación argumental de las cosas, la inducción del pensamiento, etc. son
formas claras de influencia por parte de los dueños del cotarro y su línea
editorial.
Finalmente,
para mí, existe una tensión interna entre el ser individual y el social. El
social lo andan modulando los poderosos y padres de la sociedad, los pastores
que controlan el rebaño, lo educan y conforman en función de sus intereses;
pero el individual, que resulta ser el oponente crítico al anterior mediante el
ejercicio de la libertad de pensamiento y de discernimiento, lo hemos de
modular nosotros mismos en una lucha de influencias, donde se juega la
prevalencia de lo social sobre lo individual o viceversa.
Me niego a hacer del ser humano un borrego al servicio de los pensantes,
privándole de la potestad de pensar racionalmente mediante la alienación y el
dogma. Defiendo el libre ejercicio del pensamiento para que, responsablemente,
ese sujeto sea motor y partícipe de la evolución de su sociedad mediante su
autorrealización.
miércoles, 6 de abril de 2016
ANÉCDOTAS
OSCAR WILDE
Cuentan que Oscar Wilde estaba convencido
de que a menudo la gente no escucha cuando se le habla, sino que está centrada
principalmente en sus propios asuntos.
Para demostrarlo contaba a sus amigos una
anécdota que aseguraba haber vivido en primera persona.
Así, recordaba el día que tuvo que asistir
a una importante fiesta a la que llegó tarde. Para justificar su tardanza ante
la anfitriona, Wilde puso como excusa que se le había hecho tarde porque
<<había tenido que enterrar a una tía suya a la que acababa de
matar>>. La dama, sin inmutarse, contestó: <<No se preocupe. Lo
importante es que haya venido>>.
MOLIÉRE
Jean-Baptiste Poquelin, el famoso Moliére, tenía auténtica
aversión a los médicos. Motivo por el que intentaba evitarlos a toda costa. En
cierta ocasión cayó enfermo y tuvo una fiebre muy alta. Su esposa, ni corta ni
perezosa, hizo llamar a un médico para que visitase en casa a su marido. Cuando
el médico se presentó en el domicilio, Moliére llamó a su mujer y le dijo:
<<Querida, no dejes que entre; dile que estoy enfermo y que ya iré yo a
visitarle cuando mejore>>.
sábado, 2 de abril de 2016
LA VIEJA EUROPA
Estaba dispuesto a no
escribir nada sobre la barbarie de la guerra y sus consecuencias. Sinceramente,
me faltan las palabras para expresar el horror al que día a día son sometidos,
en la tan democrática y humanista Europa, los seres humanos que huyen de la
muerte en Siria y unos cuantos países más. Hay mucha gente sobre el terreno,
tratando de poner su grano de arena para paliar esto y además, relatando,
filmando y dando testimonio de la atrocidad.
Sin duda, todo lo que
vamos conociendo hace que le hierva la sangre a cualquier persona que conserve
ni que sea una gotita de humanidad corriendo por sus venas, por lo menos así lo
siento yo.
Es obvio, que es un tema
con muchas aristas sobre las que se podría hablar: por qué sucede lo que
sucede, la respuesta de los diferentes Estados, la de eso que llaman sociedad
civil, la de personas anónimas, las guerras… Nuevamente, se puede encontrar mucha
información sobre todo esto pero particularmente a mí, si hay algo que me
revienta es ese cinismo con el que la opinión pública está tratando este tema
(esa opinión interesada, diseñada desde los altos puestos de poder, transmitida
incesantemente a través de los medios de comunicación, los líderes políticos y
sociales). Repetida hasta la saciedad por legiones de incautos y asimilada por
una inmensa mayoría. Ese enfoque acerca de que Europa está olvidando sus
principios y sus valores, esa idea tan repugnante, en mi opinión, de que Europa
es el adalid de los derechos humanos y de todo lo bueno que uno se pueda
imaginar y que, por tanto, lo que sucede ahora mismo es una anomalía en el
comportamiento de la humanitaria Europa.
Yo no lo creo, para mí
ésta sí es la vieja Europa. La misma Europa cuya bandera siempre fue la de la
superioridad moral e intelectual sobre el resto del mundo. La misma Europa que
durante siglos ha explotado y devastado al resto de continentes. La misma
Europa que mientras se vanagloriaba de sus derechos humanos, condenaba al resto
del mundo a vivir fuera de la humanidad esclavizando y asesinando. La misma
Europa que mientras defendía sus teorías sobre la igualdad, pasaba a cuchillo a
todo aquel que quisiera hacer uso de esa igualdad para liberarse de su yugo. La
misma Europa que alardeaba de demócrata mientras regía con mano dictatorial los
designios del mundo. La lista sería y es interminable.
Lo que está sucediendo
ahora mismo, es una nueva entrega de una vieja saga. Europa levanta de nuevo el
estandarte del genocidio, del fascismo mal encubierto y todos sabemos que no es
algo nuevo ni ocasional, ni siquiera es novedoso que todas estas barbaridades
se cometan dentro de la propia Europa, esto forma parte de la marca de la casa.
Si echamos un vistazo a
lo cercano, no hace falta ir demasiado lejos para poner ejemplos de esto. En
España tenemos de sobra, desde las dos orillas: víctimas y verdugos.
Sólo hay que recordar el
trato que sufrieron los españoles que cruzaron la frontera tratando de huir de
la barbarie de la guerra y la respuesta que Europa encarnada en Francia
ofreció: campos de concentración, hambre, enfermedades, devoluciones forzosas,
muerte. Diría que se parece bastante aunque seguramente para los defensores de
la democrática Europa aquello también fue una anomalía. Pero también somos
verdugos y para eso ni siquiera hace falta remontarse en el tiempo. Aquí y
ahora, España contribuye y de qué manera a la política fascista de la Europa
humanitaria. Vallas, concertinas, prisiones ilegales donde se encierra a las
personas por ser extranjera y pobre, devoluciones en caliente, tiros, muerte.
Por no hablar del lucrativo negocio de la venta de armas a países amigos como
Arabia Saudí para que puedan también allí seguir democratizando a la gente. Se
podrían poner más ejemplos pero creo que queda claro.
Esto hace que todavía me
parezca una mayor hipocresía que, desde aquí, se apoye ese discurso cínico
sobre el cambio de rumbo de la democrática Europa. El colmo de esta hipocresía
es ese tema de la banderita europea a media asta en señal de protesta por el
acuerdo genocida con Turquía en los ayuntamientos progresistas o en los del
cambio. Que sepáis que la otra banderita que ondea está igual de manchada de
sangre, cualquier bandera representa una lógica de fronteras, de exclusión, de
diferencia... que inevitablemente lleva al derramamiento de sangre.
La historia de Europa,
es la del expolio, la del genocidio, la de la esclavitud, la de la supremacía,
en definitiva es la Historia porque, ya se sabe que, la historia la escriben
los que matan, no los que mueren. Por eso, esta Europa actual no es una
anomalía, ésta es la vieja Europa, la de siempre.
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