domingo, 24 de abril de 2016

¿ESPAÑA SE ROMPE?




España se rompe… hasta ahora el peso recaía en catalanes, vascos, gallegos y otros grupos independentistas y nacionalistas que reivindicaban la independencia, o un nuevo sistema de relación entre la gente de este Estado, País, Reino…  o lo que fuere. Pero no nos engañemos, el gran enemigo de la solidez de España no está en estos “elementos disidentes”, sino en lo que hace de ella un estado de injusticia, de desigualdad, de diferencias que benefician a unos y marginan a otros, de desajuste, de insatisfacción de la ciudadanía… Para que un Estado sea sólido, desde la concepción democrática y la soberanía popular, ha de estar fundado en el respeto a todos y cada uno de sus componentes, en la lealtad de sus gobernantes, en la justicia distributiva, en el reconocimiento de las diferencias culturales y su comprensión como complementos enriquecedores que lo magnifiquen, en la satisfacción de sus habitantes con la estructura organizativa del sistema y sus resultados. La argamasa que fragua una construcción de esta dimensión es la confianza, la lealtad y la justicia social. Ello lleva a crear la mentalidad de solidaridad social, de implicación en la buena gobernanza y el desarrollo de programas comunes que beneficien a todos. Cuando eso no se da, la gente acaba hastiada, desengañada, sin sentirse componente responsable de ese Estado al que no ve como suyo.

Una  de las causas más palpables de desencanto, de desinterés por mantener esa estructura del Estado es la descomposición que se deriva de las falacias políticas, de la mentira y la desconfianza, de la desigualdad, como ya he dicho, y de sentirse usado para el enriquecimiento de los que andan en el poder. Esa deslealtad con la ciudadanía no es solo el no cumplir el programa por el que se les ha votado, sino el legislar, muchas veces torticeramente, para beneficio de unos y perjuicio de otros, con leyes de amnistías fiscal, con tolerancia a la evasión de impuestos en paraísos fiscales mediante subterfugios de la llamada ingeniería financiera, etc. es el atentado más grande que se pueda realizar a la unidad de un país. Pero si hay algo que colma el vaso es que los propios políticos de turno se enreden en esas prácticas, que los que dicen defender los intereses de la ciudadanía se vean implicados en negocios fraudulentos, en abusos de autoridad, practicando la corrupción, el nepotismo que beneficie a sus amiguetes, y un sin fin de actos sospechosos de utilizar la administración pública y su representatividad para conseguir prebendas y beneficios negados a la gente normal. Los beneficios del político, a veces escandalosos, en el trato del propio Estado respecto a la ciudadanía normal, lleva a pensar que se consideran dueños del cotarro, cuando son sujetos depositarios, por delegación, de la soberanía de su pueblo.

A algunos no se les cae la cara de vergüenza, incluso se permiten defenderlos desde la presunción de inocencia, algo muy importante, pero poco aplicable al compromiso político que se fundamenta en la confianza y no en la ley, no se les cae la cara, digo, y se permiten defender lo indefendible, ocultar lo inocultable, eliminar pruebas, ocultando sus dineros en paraísos fiscales, manipulando la opinión pública desde la tergiversación de la verdad con discursos cínicos que atrapan a sus hooligans en una irracionalidad borreguil de rebaño sometido al pastor o líder. Es cierto que debe haber políticos honrados, eso no lo dudo, pero están callados cuando se trata de denunciar las tropelías de los suyos. Lo curioso es que muchos de los que se han prodigado en las denuncias de la corrupción de otros partidos, hablando de ética, de moral, etc. han resultado implicados en casos escandalosos de abuso.

Cuando se ven estas cosas, o sea, que aquellos que deberían conducir al país hacia la recuperación económica pagando sus impuestos e invirtiendo sus dineros en la creación de empleo de calidad para beneficio del colectivo social, acaban evadiendo esos dineros y buscando subterfugios de ingeniería financiera para escabullir sus impuestos, es normal que al pueblo llano se le quiten las ganas de defender un sistema que no es defendible con estas conductas y que no se sienta identificado con el mismo.

Si España se rompe, se rompe por el desafecto que provocan estas conductas de los más pudientes mientras se persigue al pequeño contribuyente. Solo con una regeneración ética, con la salida de los grupos que han contaminado e infectado el sistema, se podrá volver a conseguir un estado de cosas que facilite el reencuentro de todos en un nuevo proyecto de futuro. El problema es que ese proyecto de futuro puede que encuentre demasiados palos en las ruedas para progresar, dado que los medios y el sistema en su totalidad ya está contaminado y condicionado por el lastre de esa corrupción, potenciada desde intereses económicos ocultos centrados en el beneficio empresarial y del mundo financiero, y no en el desarrollo orientado a la sociedad en su conjunto.

Pero volviendo al tema inicial, el único grupo o tendencia social que defienda el Estado del Bienestar contra la agresión del capitalismo salvaje, será aquel que consolide el sistema de solidaridad y justicia social, que potencie los valores democráticos de participación ciudadana, que defienda una educación de personas libre y con capacidad  de discernir, gente responsable e implicada en que las cosas vayan en su justa dirección… los antisistema que quieren cargarse el Estado son aquellos que pretenden adueñarse de él para su propio beneficio, desmontando los derechos adquiridos a lo largo de tantos años de lucha y concienciación de los pueblos.

En este caos, con un río tan revuelto, están los pescadores hurgando con sus cañas. Si consiguen que los líderes sean corruptos, que se desconfíe de los políticos en general, que la ética, moral y honra de estos sea cuestionada sistemáticamente, acabaremos por desestructurar el Estado y, sin esta argamasa, se derrumbarán sus muros y caerá como un castillo de naipes. Yo creo que de eso se trata. Si dejamos la política en manos de determinada gente estaremos condenados a la debacle. Pero si somos exigentes y se le retira el voto de manera fulminante a quienes han ejercido o caído en las garras de la corrupción y el “malhacer”, podremos evitar que esto se desmorone. El problema es que siguen existiendo los hooligans irreductibles y cegatos incapaces de la menor autocrítica y con una lealtad a prueba de bombas, o de corrupción, a sus partidos.  Estos son los que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, los que andan argumentando el “y tú más” como si un delito pudiera justificar el otro.

Cualquier ciudadano que milite en un partido político debería exigir la mayor limpieza y claridad en su partido, además de denunciar la porquería que se da en los otros. Pero no olviden que uno puede limpiar el cuarto que habita y exigir a los demás que hagan lo propio desde su reluciente ejemplo. Y ahora, párense a pensar en la cadena de casos que nos inundan, que nos desaniman e indignan, en la corrupción sistemática que se da en determinados partidos con su peculiar forma de ejercer el poder. Indudablemente los más afectados son los que han tocado o tocan poder.

Sabemos que la corrupción no se erradicará nunca pero también sabemos que solo se podrá controlar con leyes capaces de disuadir al político delincuente que se dé a ello. Estamos en un país de pícaros, ya se sabe aquel dicho: “No me des dinero, ponme  donde haya”.

Esto no tiene arreglo si no se da un vuelco total que garantice una democracia real desde la capacitación de la gente y la educación en principios y valores que la sustente. Pero… ¿A quién, de los que ejercen el poder, le interesa eso? La gente formada es peligrosa, exigente, rebelde y crítica. Es más fácil de manipular y someterla cuanto más mediocre y menos capacitada para pensar, cuando se ha logrado que deleguen en los dirigentes por sentirse incapaces de discernir qué es lo que interesa y qué políticas serían las adecuadas para conseguir un Estado decente.

En fin, amigos y amigas, seguiremos viendo en la tele el chorreo diario de casos de corruptos que nos lleven a la desilusión y hagan tambalearse las cosas sin alternativas fiables. Ahora solo nos queda que los políticos aprenda de una vez a leer lo que les ha dicho el pueblo con su voto; si no lo entienden no son políticos del pueblo sino que andan impregnados por intereses personales o de otros grupos de influencia. ¿Cambiaremos el cinismo por la honradez en el mundo de  la política, o seguiremos jaleando a los nuestros y perdonándoles todo exceso por ser de los nuestros? Yo le pediría a la sociedad civil que no permitan que esta gente rompa España, o lo que es lo mismo, que no nos arrebaten los derechos que conforman la argamasa que consolida el Estado del Bienestar compartido.

martes, 12 de abril de 2016

LOS GASES DE LA DESHONRA HUMANA




Hubo un tiempo en que la palabra gases, tras la II Guerra Mundial, era sinónimo de muerte, de holocausto y de nazismo puro y duro, asociándose a tétricas cámaras de exterminio movidas por la más aberrante manifestación de la vileza y maldad del ser humano.

Luego aparecieron los gases lacrimógenos para disolver manifestaciones, para evitar la protesta, para eliminar la expresión de la disidencia. Quién de mi generación no recuerda a los grises lanzando botes de estos gases, balas de goma y ¿por qué no?, de cuando en cuando, escaparse algún tiro, allá por los años 70.

Siempre, desde el poder, se intentó controlar al sometido, al sumiso que se levantaba contra la injusticia, al necesitado y desesperado que, harto ya de esperar y de clamar al silencioso e indiferente cielo, pedía a grito pelado que se diera solución a unos problemas que él no había provocado, pero que le atosigaban y condicionaban la vida. Cuando la gente, cansada de la indiferencia de los gobiernos y de los yugos ungidos por dictaduras insoportables, pretendía manifestar su disgusto y desacuerdo mediante canales oficiales, se encontraba con el muro de la indolencia, de la apatía e impasibilidad. Los gobernantes hacían oídos sordos. Entonces no quedaba más remedio que lanzarse a la calle, gritar y patalear, mostrar ira, furia, indignación y coraje, para hacerse oír y conseguir los objetivos que de forma democrática deberían ser logrados si todo funcionara bien.

Ahora, cuando los poderosos siguen jugando al ajedrez sobre el tablero esferiforme de la tierra, cuando las guerras se fraguan en países no adeptos o de dificultosa filiación, geoestratégicamente importantes, cargados de conflictos seculares y con fronteras un tanto artificiales tras la descolonización de los imperios europeos, esa Europa le da la espalda y se desentiende de su responsabilidad histórica y de sus principios de justicia social y respeto a los derechos humanos.

Pero hoy, una vez más, hemos asistido al baile del cinismo, a la interpretación de la farsa de la política, quedando patente que la Europa de los mercaderes no entiende de humanidad, que solo maquillan sus ideas y actos cuando hay un elemento que movilice significativamente emociones y sentimientos en la conciencia del pueblo europeo y que ello les lleve a la pérdida del control y a tambalearse la estructura social que sostiene el sistema.

Pobres refugiados. Pobres niños, a los que su alegría les ha sido robada en un tránsito dramático hasta llevarles a la desolación y la desesperanza, al envejecimiento prematuro al que arrastra la indolencia, el hambre,  la miseria y la desconfianza en los seres humanos. ¿Qué valores se siembran en esas mentes infantiles que ven llorar a sus padres de impotencia para poder dar solución a sus necesidades? ¿Quiénes son los culpables de ese fracaso prematuro de un proyecto de vida en esas infantiles esperanzas? ¿Quién pagará la factura de tal desaguisado y del odio que se siembra? Esa es la pregunta del mañana…

Hoy se vuelve a gasear a las personas que lloran su desgracia, a los indefensos que buscan angustiados solución a sus problemas, a los niños, las mujeres y los hombres que protestan hastiados de tanta espera bajo el barro, la lluvia y la miseria. Pero si no saben llorar, no se preocupen, con los botes de gases lacrimógenos seguro que lo logran… así no se sabrá si llorar por su suerte o su desgracia, o por efectos de los gases les mandan. Tal vez hoy lloren por las dos cosas, por su mala suerte y por la rabia que provocan los cínicos sujetos que les acogen con fuegos de artificio, con la irritante asfixia y lágrimas embasadas en botes, en lugar de un trozo de pan y algo de agua. 

lunes, 11 de abril de 2016

POEMA DE LEIRE OLMEDA

LAS MUJERES SANGRAMOS



Las mujeres sangramos.
Cuando parimos
y también cuando no estamos preñadas.
Sin embargo, no sangramos
cuando nos despiden por parir
ni cuando nos pagan menos
porque pariremos algún día,
Tampoco sangramos
cuando menosprecian nuestra voz.
No, por eso no.
Sangramos cuando nos pegan,
cuando nos tiran por las escaleras,
cuando nos matan.
Y cuando sangramos, ya muertas,
nos dicen que no exageremos,
que no es para tanto,
que no somos tantas,
que sólo somos mujeres.
Y estas respuestas no nos hacen sangrar,
pero nos siguen matando.
LEIRE OLMEDA


LA FELICIDAD DE LA NACIÓN




Ahora que estamos en época de Declaración de Hacienda debemos recordar eso, precisamente, que la base de toda buena sociedad es la proporcionalidad de los impuestos y el respeto al bien común, a la cohesión social y la solidaridad. De hecho, en donde se demuestra el amor a la patria no es en las declaraciones retóricas ni en la forma de agarrar una bandera sino en el cumplimiento honesto de esa proporcionalidad a la hora de sostener a toda la sociedad. Como todos los individuos y todas las sociedades parten de situaciones desiguales, observar esta honestidad en la proporcionalidad es buscar que las diferencias se atenúen en vez de aumentarse. Quizá es algo que no comprenden tantos como se llaman liberales hoy en día y que solo buscan el medro propio y un lugar opaco en el que esconder el dinero ocupando la administración del estado en beneficio propio o de su forma de entender la vida y los negocios. Es una de las muchas diferencias entre el verdadero liberalismo y el capitalismo salvaje.

De la Constitución de Cádiz de 1812, la primera promulgada en España, siempre me llamó la atención el artículo 13: “El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”.

Algunos me tacharán de ingenuo, utópico o, como se dice ahora, de querer crear una cortina de humo. Pero a mi me parece el mejor objetivo que puede tener una nación y el mayor deber de un gobierno. Una formulación bien temprana del estado del bienestar. Que una nación sea o no feliz se define precisamente en ese bienestar de todos y cada uno de los individuos que la componen. Y para eso se necesita honestidad, políticas de cohesión y solidaridad. Ahí es donde se deben aplicar los legisladores. Lo demás es papel mojado.

LAS PERSONAS QUE ME GUSTAN



Me gustan las personas que llaman pan al pan y vino al vino y señalan cada cosa con su nombre, sin falacias ni engaños. Las que muestran con sus actos cuanto creen, se afanan y se esfuerzan y sin cuidar sus ropas nadan contracorriente; no ocultan lo que piensan y lo que sienten y no se guardan por nada de hacer lo que creen que deben.




LOS MALOS POLÍTICOS

Especie bastante abundante en nuestro país




Los malos políticos son aquellos que usan las palabras como máscara, mienten sistemáticamente, no hacen lo que dicen sino lo contrario; cifran su ventaja en el engaño, hacen oídos sordos y no admiten reclamos; ocultan sus errores para no ser juzgados, ocultan lo que piensan y lo que sienten y dicen lo que deben, aunque no se lo crean, aunque no sea cierto, aunque sepan que engañan; cargan contra el débil por temor al más fuerte, ocultan ignominias para no herir la mano que los sostiene; no reparan en costos siempre que sean ajenos, ponen su interés en primer plano, aunque su bien comporte a otros daño; se muestran arrogantes ante la gente y pretenden saber mejor que nadie lo que es bueno y lo que es malo y a los demás les conviene.


domingo, 10 de abril de 2016

CUENTOS DE DAMIÁN





EL TONTO DEL PUEBLO
                                        
Se cuenta que en un pueblo manchego, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas. 

Diariamente, algunas personas llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 céntimos de euro y otra de menor tamaño, pero de 1 euro.
Él siempre tomaba  la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.   
Un día, Damián, que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había  percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
- Lo sé, Damián,   no soy tan tonto..., vale la mitad, pero el día que escoja la otra el juego se acaba y no voy a ganar más mi moneda.
Damián sacó varias conclusiones: Quien parece tonto, no siempre lo es. ¿Cuáles son los verdaderos tontos? Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos. Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo. La verdadera persona inteligente es la que aparenta ser tonta delante de una tonta que aparenta ser inteligente…