jueves, 5 de mayo de 2016

AVISOS DEL AZAR



El ser humano necesita recibir avisos del azar. En forma de error, de desliz, de rotura, de fallo, de despiste, de caída, de herida, de pérdida. Creo en esos avisos que nos sitúan en el terreno en que la persona  es más auténtica. En el de su fragilidad. Uno se sobrepone a ellos antes o después y aprende. Son avisos que nos rebajan, nos desvisten, nos muestran la inconsistencia, nos derriban del pedestal que cada uno tiene erigido para su narcisista contemplación, nos iluminan, nos enderezan, nos hacen conocernos más porque hablan más de nosotros que los algodones de la cuna. No pongo ejemplos. También advierto que no es agradable, obviamente, recibir cualquiera de esos avisos, que no se desean y que tratamos de regatear. Pero las leyes físicas están ahí y en cualquier momento nos llega la bofetada. A veces esos avisos incluso pueden repetirse en poco tiempo. Algunas personas, entre los que me hallo, consideramos que hemos recorrido gran parte del abanico de esos términos en que se manifiestan, y que citaba al principio. Y, sin embargo, aquí estamos. En cierto modo rehabilitados ante nosotros mismos. Porque solo fuimos puros cuando no teníamos experiencia todavía. No, no es el inexistente buen camino el que enseña a la persona a vivir, sino aquel que está más o menos ahíto de dificultades, el que su dirección queda oculta por el ramaje, el que recibe el eco de voces de monstruos, el que llega a cruzarse con otras sendas despistándonos de la elección o simplemente donde la huella del recorrido se borra de improviso. A uno no le queda más remedio que elaborar su propia guía de perplejos si quiere sobrevivir.


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