¡Qué ingenuos fuimos al esperar un cambio tras
esta crisis salvaje que nos zarandea!
El capitalismo gansteril en
palabras de Susan Sontag, que hizo de la codicia un credo y traspasó
todos los límites, ha estado agazapado en un silencio disfrazado de
arrepentimiento. Ahora ha vuelto robustecido. Sólo ocultaba su desvergüenza.
Pidió un paréntesis en sus leyes de mercado y se subió al carro de lo público
para recibir millones de euros que no han servido para reactivar la economía,
sino para mantener escandalosos sueldos de banqueros. Su dinero estaba seguro
en paraísos fiscales. El nuestro estaba más cerca. Podían usarlo para sanearse.
Los que pagamos religiosamente impuestos hemos garantizado la curación de sus
males.
Los mismos organismos financieros que ignoraron,
cuando no ocultaron, la tempestad que se avecinaba marcan de nuevo nuestro
camino con las mismas recetas que nos llevaron a la UVI. Las mismas agencias de
riesgo inútiles, que nunca avisaron del desastre financiero, se permiten ahora
calificar nuestra solvencia. ¿Por qué fiarse ahora de todos ellos?
Proponen no cambiar de rumbo ¿Qué rumbo? ¿Que sigan mandando los mercados y
obedeciendo los gobiernos y los trabajadores? ¿Que las libertades sigan
aplastadas? ¿Que los derechos civiles agonicen?
Crece la sospecha de que somos pequeñas
hormiguitas zarandeadas por un vendaval especulativo que se lucrará, sin duda,
a nuestra costa. Los grandes tiburones financieros atacan a dentelladas cuando
huelen sangre y debilidad. Se conocen entre ellos y saben que si se ataca a un
país sufren sus bancos. La economía que nos gobierna es una leve flor que se
marchita al menor soplo de duda. El dios mercado nos ha puesto contra las
cuerdas y el poder político vuelve a ser rehén del económico. Como siempre ha
sido.
Impondrán su ley. No se va a acabar con los
paraísos fiscales donde está oculto el dinero que nos hace tanta falta. Me temo
que no se atreverán con las SICAV (empresas de ricos que evitan que paguen al
fisco como pagan los más pobres), ni con el fraude fiscal: en España, la renta
media declarada por los empresarios es inferior a la declarada por los
trabajadores. Milagro de las finanzas. Además, el Gobierno en funciones se
comporta de modo irresponsable, como un enemigo de sus gobernados y lacayo a
las órdenes de Alemania y de sus intereses. Bruselas
exige a España un ajuste de 10.000 millones hasta 2017. No es de patriotas
ayudar a hundir el barco mientras ellos se mantienen a flote. Dar tortas en la
cara del país y llevarnos al desastre para mantenerse en el poder parece un
precio excesivo. Porque pagarán los trabajadores. Pagarán los más débiles.
Ellos permanecerán al margen. Sus sillones y sus puertas giratorias les
aseguran un futuro plácido.
La ciudadanía tiene derecho a pedir sensatez y
responsabilidad. Ahora hay una oportunidad para dar un golpe de timón valiente
y paliar en lo posible la dictadura del dinero. Para fraguar un pacto urgente
en época de urgencia que empiece a enderezar el rumbo perdido. Para que el
naufragio de los derechos no se consume. Para que los recortes no sean el
mantra que oculta el saqueo de lo público. Para que la decencia se salve. Para
que vuelva la esperanza perdida. Para que la democracia no sea sólo una palabra
vacía. Pactar, dialogar, ceder, apartar del poder al Partido Popular, el primer
partido de la democracia imputado por un juez, infestado de corruptos,
atrincherado en sus cuarteles a la espera de ver pasar el cadáver del enemigo.
Hacerlo y avanzar en nombre del bien de todos será la prueba de que tenemos
unos políticos dignos, unos políticos a la altura de estos tiempos difíciles.
Si no lo hacen, demostrarán que nunca merecieron el voto de quienes confiaban
en ellos para acabar con esta sutil dictadura del dinero, con la corrupción, con
la siega de derechos, con la manipulación. Demostrarán que sus palabras estaban
vacías y sólo eran una manifestación más de la mentira para captar el voto.
La ciudadanía ha votado dos veces y se lo ha dicho
claro: pónganse de acuerdo contra quienes nos traído aquí. No es soportable más
tiempo esta falta de ética en quienes nos gobiernan. No tienten la suerte
propiciando nuevas elecciones. Han dejado escapar ya una oportunidad. Dos serán
demasiadas. Valentía, sensatez y coraje son hoy más que necesarios. Sean
valientes, no tanto por su dignidad como por la de un país que se lo demanda a
gritos. Nos jugamos, más que nunca, nuestro futuro. Nunca perdonaremos que
dejen que se consume la infamia.

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