lunes, 18 de julio de 2016

NAUFRAGIO



¡Qué ingenuos fuimos al esperar un cambio tras esta crisis salvaje que nos zarandea!
El capitalismo gansteril en palabras de Susan Sontag,  que hizo de la codicia un credo y traspasó todos los límites, ha estado agazapado en un silencio disfrazado de arrepentimiento. Ahora ha vuelto robustecido. Sólo ocultaba su desvergüenza. Pidió un paréntesis en sus leyes de mercado y se subió al carro de lo público para recibir millones de euros que no han servido para reactivar la economía, sino para mantener escandalosos sueldos de banqueros. Su dinero estaba seguro en paraísos fiscales. El nuestro estaba más cerca. Podían usarlo para sanearse. Los que pagamos religiosamente impuestos hemos garantizado la curación de sus males.
Los mismos organismos financieros que ignoraron, cuando no ocultaron, la tempestad que se avecinaba marcan de nuevo nuestro camino con las mismas recetas que nos llevaron a la UVI. Las mismas agencias de riesgo inútiles, que nunca avisaron del desastre financiero, se permiten ahora calificar nuestra solvencia. ¿Por qué  fiarse ahora de todos ellos? Proponen no cambiar de rumbo ¿Qué rumbo? ¿Que sigan mandando los mercados y obedeciendo los gobiernos y los trabajadores? ¿Que las libertades sigan aplastadas? ¿Que los derechos civiles agonicen?
Crece la sospecha de que somos pequeñas hormiguitas zarandeadas por un vendaval especulativo que se lucrará, sin duda, a nuestra costa. Los grandes tiburones financieros atacan a dentelladas cuando huelen sangre y debilidad. Se conocen entre ellos y saben que si se ataca a un país sufren sus bancos. La economía que nos gobierna es una leve flor que se marchita al menor soplo de duda. El dios mercado nos ha puesto contra las cuerdas y el poder político vuelve a ser rehén del económico. Como siempre ha sido.
Impondrán su ley. No se va a acabar con los paraísos fiscales donde está oculto el dinero que nos hace tanta falta. Me temo que no se atreverán con las SICAV (empresas de ricos que evitan que paguen al fisco como pagan los más pobres), ni con el fraude fiscal: en España, la renta media declarada por los empresarios es inferior a la declarada por los trabajadores. Milagro de las finanzas. Además, el Gobierno en funciones se comporta de modo irresponsable, como un enemigo de sus gobernados y lacayo a las órdenes de Alemania y de sus intereses. Bruselas exige a España un ajuste de 10.000 millones hasta 2017. No es de patriotas ayudar a hundir el barco mientras ellos se mantienen a flote. Dar tortas en la cara del país y llevarnos al desastre para mantenerse en el poder parece un precio excesivo. Porque pagarán los trabajadores. Pagarán los más débiles. Ellos permanecerán al margen. Sus  sillones y sus puertas giratorias les aseguran un futuro plácido.
La ciudadanía tiene derecho a pedir sensatez y responsabilidad. Ahora hay una oportunidad para dar un golpe de timón valiente y paliar en lo posible la dictadura del dinero. Para fraguar un pacto urgente en época de urgencia que empiece a enderezar el rumbo perdido. Para que el naufragio de los derechos no se consume. Para que los recortes no sean el mantra que oculta el saqueo de lo público. Para que la decencia se salve. Para que vuelva la esperanza perdida. Para que la democracia no sea sólo una palabra vacía. Pactar, dialogar, ceder, apartar del poder al Partido Popular, el primer partido de la democracia imputado por un juez, infestado de corruptos, atrincherado en sus cuarteles a la espera de ver pasar el cadáver del enemigo. Hacerlo y avanzar en nombre del bien de todos será la prueba de que tenemos unos políticos dignos, unos políticos a la altura de estos tiempos difíciles. Si no lo hacen, demostrarán que nunca merecieron el voto de quienes confiaban en ellos para acabar con esta sutil dictadura del dinero, con la corrupción, con la siega de derechos, con la manipulación. Demostrarán que sus palabras estaban vacías y sólo eran una manifestación más de la mentira para captar el voto. 
La ciudadanía ha votado dos veces y se lo ha dicho claro: pónganse de acuerdo contra quienes nos traído aquí. No es soportable más tiempo esta falta de ética en quienes nos gobiernan. No tienten la suerte propiciando nuevas elecciones. Han dejado escapar ya una oportunidad. Dos serán demasiadas. Valentía, sensatez y coraje son hoy más que necesarios. Sean valientes, no tanto por su dignidad como por la de un país que se lo demanda a gritos. Nos jugamos, más que nunca, nuestro futuro. Nunca perdonaremos que dejen que se consume la infamia.

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