Hoy he pasado un
día maravilloso. Lo he compartido y vivido con mi preciosa hija. ¡Qué bonito es
verla crecer y ir haciéndose mujer! Toda mi vida se reduce a ella. ¡Qué gran
suerte tenemos los padres de disfrutar de esos seres que un día fueron
diminutos y, con el paso de los años, se nos han convertido en personas por las
que merece la pena vivir. No es ni mejor ni peor que nadie. Es ella misma, con
sus virtudes y sus defectos. La adoro, como cualquier padre adora a sus hijos.
Una hija nacida del amor es lo mejor que puede pasarnos en esta vida. Yo
procuro estar a su altura, creo que lo consigo, porque en esta vida nuestra no
hay mayor orgullo para un padre que saber estar cerca de esas personas tan
maravillosas como son nuestros hijos.

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